Valko Chervenkov, el pequeño Stalin búlgaro
Episodio 03 · Periodo abarcado: 1949–1956 · Lectura: 4 min
Artículo complementario del episodio 03 del pódcast Cold War Bulgaria.
Episodio 03 · Periodo abarcado: 1949–1956 · Lectura: 4 min
Artículo complementario del episodio 03 del pódcast Cold War Bulgaria.
Desde finales de los años cuarenta hasta mediados de los cincuenta, Bulgaria atravesó su periodo de estalinización más intenso, bajo la dirección de Valko Chervenkov. Esos años siguen siendo los más duros del régimen: colectivización forzosa, prioridad a la industria pesada, procesos políticos y campos.
Chervenkov no llegó al poder por azar. Había pasado buena parte de los años treinta y cuarenta en la Unión Soviética, donde se formó y donde se casó con la hermana de Georgi Dimitrov: vínculo tanto familiar como político con la figura más reconocida del comunismo búlgaro.
A la muerte de Dimitrov en 1949, y después a la de su sucesor inmediato Vasil Kolarov en 1950, Chervenkov tomó la dirección del Partido y del gobierno. Su legitimidad procedía menos de la resistencia interior que de su cercanía a Moscú.
El periodo quedó definido por la colectivización forzosa de la agricultura y por la prioridad concedida a la industria pesada, estrategias calcadas directamente de los planes quinquenales soviéticos.
Bulgaria se convirtió en el más colectivizado de los satélites soviéticos. Esa delantera no se obtuvo por adhesión: encontró una resistencia campesina real, reprimida con violencia de Estado. En un país donde la pequeña propiedad campesina era la norma y donde el apego a la tierra estructuraba la sociedad rural, la brutalidad de esa transformación dejó huellas duraderas.
La industria pesada absorbió lo esencial de las inversiones, en detrimento de los bienes de consumo. El modelo producía crecimiento estadístico y escasez cotidiana.
El momento decisivo de este periodo fue el proceso espectáculo y la ejecución de Traicho Kostov, en 1949.
Kostov no era cualquiera: viceprimer ministro, era el segundo dirigente comunista del país. Miembro de la resistencia interior durante la guerra, a diferencia de quienes pasaron el conflicto en Moscú, encarnaba la rama nacional del partido.
Los informes desclasificados de la CIA indican que el Kremlin orquestó su caída porque le faltaba «sinceridad» en sus relaciones con los representantes soviéticos. En concreto, Kostov se resistía a la explotación económica directa de Bulgaria por la URSS, sobre todo en los precios de las exportaciones búlgaras a la Unión Soviética.
Su proceso sirvió de advertencia a los demás dirigentes satélites: los intereses nacionales debían subordinarse siempre a las necesidades del centro. Se inscribe en la serie de procesos que golpearon a los comunistas nacionales en todo el bloque del Este por esas mismas fechas: Rajk en Hungría, Gomułka en Polonia, Slánský en Checoslovaquia.
Kostov fue ahorcado en diciembre de 1949. Sería rehabilitado en 1956.
La muerte de Stalin, en marzo de 1953, sacudió el edificio. El nuevo rumbo soviético, hostil al culto a la personalidad y a la concentración de cargos, puso a Chervenkov en dificultades.
En 1954 cedió la dirección del Partido a Todor Zhivkov, conservando la presidencia del Consejo de Ministros. Esa separación de funciones, impuesta por Moscú, marcó el comienzo de su borrado. Perdió la presidencia del gobierno en 1956, tras el XX Congreso del PCUS y el informe de Jrushchov sobre los crímenes de Stalin.
Zhivkov dirigiría Bulgaria durante treinta y cinco años.
La transición de Chervenkov a Zhivkov supuso un cambio de estilo más que de naturaleza. La relación con la Unión Soviética siguió siendo igual de leal, pero se volvió más flexible y menos abiertamente violenta.
Ese periodo conoció una liberación temporal de presos políticos y un esfuerzo dirigido al nivel de vida. La estructura fundamental del Estado de partido único, en cambio, permaneció intacta, igual que el aparato de seguridad, que por el contrario iba a profesionalizarse e internacionalizarse en las décadas siguientes.
Los años de Chervenkov dejaron al régimen dos herencias contradictorias.
Por un lado, una base industrial real, construida al precio de una coacción extrema, que permitió a Bulgaria pasar de una sociedad agraria pobre a una economía industrializada.
Por otro, una memoria dolorosa: los campos, entre ellos el de Belene (Белене) en la isla de Persin, los procesos, las deportaciones, los campesinos desposeídos. Es este periodo el que alimenta hoy lo esencial del trabajo de memoria sobre el comunismo búlgaro.
La documentación disponible sobre este periodo sigue siendo más lagunosa que para las décadas siguientes; los elementos no contrastados se señalan en el texto.