¿Una decimosexta república soviética?
Episodio 09 · Periodo abarcado: 1963–1973 · Lectura: 4 min
Artículo complementario del episodio 09 del pódcast Cold War Bulgaria.
Episodio 09 · Periodo abarcado: 1963–1973 · Lectura: 4 min
Artículo complementario del episodio 09 del pódcast Cold War Bulgaria.
Uno de los aspectos más extraordinarios de la política búlgara durante la Guerra Fría siguen siendo las propuestas repetidas de Todor Zhivkov de incorporar su país a la Unión Soviética como decimosexta república.
El episodio es poco conocido fuera de Bulgaria. Está sin embargo documentado por los archivos, y esclarece mejor que ningún otro la naturaleza real de la relación entre Sofía y Moscú.
Los archivos confirman que Zhivkov se dirigió formalmente a los dirigentes soviéticos en dos ocasiones con la idea de una unificación completa: en 1963 a Nikita Jrushchov y en 1973 a Leonid Brézhnev.
En diciembre de 1963, ante un pleno del Comité Central (ЦК на БКП) del Partido Comunista Búlgaro, Zhivkov sostuvo que «el objetivo último es la unificación con la Unión Soviética». La fórmula no era un arranque retórico aislado: acompañaba gestiones concretas.
Moscú declinó sistemáticamente esas ofertas. Tanto Jrushchov como Brézhnev veían los inconvenientes de una anexión formal.
El coste administrativo y financiero. Integrar un país de siete millones de habitantes, con su economía, sus infraestructuras y sus obligaciones sociales, habría pesado gravemente sobre un presupuesto soviético ya tenso.
El precedente peligroso. Aceptar a Bulgaria habría planteado la cuestión para los demás Estados del bloque y abierto un debate que a Moscú no le interesaba en absoluto ver surgir.
La pérdida de un instrumento diplomático. Una Bulgaria formalmente independiente valía más que una Bulgaria soviética. Disponía de un escaño en las Naciones Unidas, de relaciones diplomáticas propias y de una capacidad de acción en el Tercer Mundo que la URSS no podía ejercer directamente sin comprometerse.
Moscú prefería, pues, conservar un aliado «independiente» que seguía cada directriz al tiempo que servía de amortiguador y de correa diplomática.
La interpretación más sólida de estas propuestas no es ideológica sino económica.
Zhivkov utilizaba la perspectiva de la unificación como palanca de negociación. El encuentro de 1973 con Brézhnev en Sofía, cuyas actas se han publicado, muestra que el dirigente búlgaro se sirvió del asunto para obtener ayuda financiera adicional y apoyo soviético en la cuestión macedonia dentro de sus relaciones con Yugoslavia.
Dicho de otro modo: al ofrecer renunciar a su soberanía, Zhivkov sacaba de ella el mejor precio. La propuesta era sincera en su formulación e instrumental en su uso.
Esta lectura es coherente con el conjunto de su política. El petróleo subvencionado, la condonación de mil millones de rublos de deuda en 1979, los 400 millones de rublos anuales para la agricultura: la lealtad búlgara era remunerada, y la propuesta de unificación constituía su expresión más avanzada.
| Ámbito | Aportación búlgara | Contrapartida soviética |
|---|---|---|
| Geopolítica | Seguridad del flanco sur frente a Grecia y Turquía | Garantías de defensa, modernización militar |
| Inteligencia | Operaciones por delegación en Occidente y en el Tercer Mundo | Formación técnica, intercambio de inteligencia científica |
| Economía | Exportaciones agrícolas, electrónica especializada | Petróleo subvencionado, mineral de hierro |
| Ideología | Apoyo sin fisuras en la ruptura sino-soviética | Legitimidad política del régimen |
La idea de la decimosexta república no quedó confinada a los intercambios en la cumbre. Impregnó la cultura de las instituciones búlgaras.
La Seguridad del Estado se concebía a sí misma como una «rama regional del KGB», según la fórmula que Zhivkov empleó tras un encuentro con Yuri Andrópov en 1969. El ejército estaba estructurado como una prolongación directa del Ejército Rojo, hasta el punto de que Moscú juzgaba inútil estacionar tropas allí.
Lo que las propuestas de 1963 y 1973 habrían formalizado en derecho existía ya en la práctica en varios sectores del Estado.
Los análisis desclasificados de la CIA de 1984 sugieren que, al final de la Guerra Fría, esa subordinación empezaba a producir tensiones.
La Unión Soviética, enfrentada a su propio declive económico, emprendía la reducción de lo que llamaba el coste del imperio. Exigía en adelante exportaciones búlgaras de mejor calidad y un mayor esfuerzo de defensa. El contrato implícito, lealtad a cambio de recursos, se degradaba en detrimento de Sofía.
Cinco años después, el régimen caía. La cuestión de la decimosexta república nunca se zanjó de otro modo que por la negativa cortés de dos secretarios generales.
La anécdota se cita a menudo para ilustrar el servilismo búlgaro. Es una lectura corta.
Dice sobre todo que, en un sistema de alianza asimétrico, el socio pequeño dispone a veces de un margen de maniobra inesperado. Zhivkov conocía su posición estratégica (la frontera con dos miembros de la OTAN, la proximidad de los Estrechos) y sacó de ella todo lo que pudo.
Propuso la unificación sabiendo probablemente que sería rechazada, y porque ese rechazo le permitía seguir negociando. Es una manera de comprender por qué Bulgaria fue, hasta el final, el aliado más fiel: la fidelidad era su principal activo.
La documentación disponible sobre este episodio sigue siendo limitada; los elementos no contrastados se señalan en el texto.